¿De qué hablamos cuando hablamos de "lectura de verano"?

 


Ya estamos en verano en el hemisferio sur y, poco a poco, los diarios, revistas, portales de Internet y demás comienzan con la vorágine de las notas como ¿Qué leer en verano? o 5 libros ideales para disfrutar este verano. Las librerías empiezan a dejar en disposición los últimos lanzamientos y los bestsellers del año, esperanzados con que alguno de ellos en un futuro sea leído en una playa cubierto de arena. El concepto de "lectura de verano" tiene para todo lector y lectora cierta impronta romántica. Evoca títulos entretenidos, generalmente más livianos y con narrativas más dinámicas y simples. Son libros para descansar, divertirse y seguirle el ritmo incluso cuando no se le presta mucha atención. Sin embargo, ese escenario tiende a no cumplirse en su totalidad cuando hablamos del lector argentino. Entonces, ¿cómo definimos una lectura de verano?

La invención de la literatura de verano

Si bien voy a hablar del contexto argentino, las raíces de la lectura de verano se remontan a los países de habla inglesa, donde el significado del concepto tiene mayor profundidad e importancia. Decir allá que un libro es un beach read (lectura de playa) generalmente tiene connotaciones despectivas y un tanto sexistas, por lo que los escritores "serios" tienden a evitar que sus libros sean considerados como tales.

Pero, ¿de dónde surgió esa idea? Donna Harrington-Lueker en su libro Books for Idle Hours explica que el concepto nació durante el siglo diecinueve, una época en donde la urbanización y la industrialización le dio un nuevo significado al verano como una oportunidad de escapar de las ciudades calurosas y repletas de gente, y reconectarse con la naturaleza. Los barcos y trenes a vapor hacían estos "escapes" más accesibles y los periódicos empezaron a publicitar las zonas y actividades de verano: cruceros, campamentos, termas... en otras palabras, un nuevo mercado se había generado para el placer y entretenimiento de las clases acomodadas.

La mujer y los libros de verano

Cabe decir que la industria editorial no se quedó atrás. Durante la época victoriana, la sociedad estaba preocupada por las "seducciones vulgares" de la ficción, especialmente las historias sensacionalistas que aprovechaban los costos más bajos de producción (y por lo tanto de precio de producto final) para llegar a una mayor audiencia. Pero la industria del libro vio la oportunidad de darle una nueva cara a esas historias como lecturas de verano, un "placer aceptable para las clases medias". Se empezaron a generar listas de los mejores libros para el verano, las editoriales crearon colecciones de libros exclusivamente diseñadas para esa época del año, en donde destacaba la baja calidad de impresión y su corta extensión. Se empezó a escribir literatura en donde se reflejaba este fenómeno, en donde se sugería que era un ritual de la élite adinerada. Pero el autor Henry James fue más allá, describiendo la lectura de verano como una "performance sensual femenina":

"Hay pocas vistas más bonitas que una mujer elegantemente vestida, elegantemente establecida en algún lugar sombreado, con una labor de costura o bordado, o un libro."

De repente, la industria se enfocó en esa imagen, esa construcción de la mujer leyendo. No porque le importaran que leyera al libro en sí, sino porque se veía bien con un libro en mano. En la edición de julio de 1883, la revista Life publicó en su pieza central La cosa más bonita en la hamaca, en donde revela "una joven, absorta lánguidamente en una novela titulada El amor de un ladrón, sola, absorta, y con una bolsa de dulces a su lado- un consumo inocente de palabras y dulces".

 En 1888, Arlo Bates, que entonces era el editor del Boston Sunday Courier, redactó un breve tratado llamado Novelas de Verano. Bates observó que, a medida que aumentaba la temperatura, las jóvenes "comienzan a pensar en vestidos nuevos y ficciones agradables, tanto aireadas como espumosas". Pero el relato de Bates tenía un tinte marcadamente crítico; ya que según él los libros se producían para charlar sobre ellos y no leerlos, además que "trafican con sentimientos convencionales". El ensayo de Bates anticipó los debates contemporáneos sobre la lectura de verano, dando una descripción de la nueva literatura como "tan tenue e intrascendente, tal vez, como las mujeres que lo leen" y mostrando de una manera práctica que no sólo puede generar diversión, sino también desprecio.

Vacaciones y libros: ¿Qué leen los argentinos?

El estereotipo de que los libros veraniegos son vacíos en contenido, frívolos y, para resumir, "literatura femenina basura" sigue perdurando hasta el día de hoy. Stephen King cree que los que leen novelas "serias" durante el verano son idiotas pretenciosos. Bueno, Señor King, lamento decirle que mucha gente lo lee por estos pagos cuando cantan las cigarras.

Es que el lector argentino es diferente cuando se trata de lecturas veraniegas. Para mejor o peor no sé, pero al menos es diferente. Para nuestra cultura, la temporada de verano invita a descansar y realizar actividades que en general no se pueden hacer durante el año por falta de tiempo. En conclusión, muchos retoman sus hábitos lectores porque tienen más tiempo para hacerlo. Es justamente durante estos tres meses que siguen a la Navidad que las editoriales y librerías trabajan a toda máquina, enfocando toda su energía en las ciudades costeras.

Cuentos, novelas, ensayos, el lector argentino es diverso en su lectura. Hay quienes buscan evadirse de la rutina y pasar el rato, otros buscan ponerse al día con las novedades y aprovechan ese tiempo libre para informarse o darse una vuelta por temas de economía y política. Otros eligen los bestsellers (como los del Señor King). Otros leen sus pendientes, e incluso hay lectores que cumplen todos estos requisitos a la vez.

Lectura de verano, al menos en el contexto argentino, no evoca las mismas connotaciones que su par angloparlante sino que tiene más que ver con la idea de "ponerse al día". La clave está en el tiempo libre, que da la posibilidad de leer y alejarse de las pantallas.

Entonces, retomando a la pregunta del título: ¿De qué hablamos cuando hablamos de "lectura de verano"? Bueno, depende de tu cultura, tu visión del mundo, tus estereotipos. Lo que yo sí puedo decir es que la "lectura de verano" es lo que lees en el verano. Y punto. Si te gusta lo que lees es lo único que importa, o al menos lo único que debería importar. Sea en verano, invierno, otoño o primavera, lo importante es que la lectura tenga un propósito para nosotros, nos entretenga, nos informe, nos conmueva.

Porque eso es para lo que existen los libros, y nada más. 

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