Anglocentrismo y Ciencias Ambientales: El peligro de la "ciencia única"
El inglés ha sido la lengua común de la ciencia desde hace años, permitiendo el intercambio de información entre diversos países. Sin embargo, la hegemonía del inglés tanto en los artículos de investigación como en los libros de divulgación científica se presenta como un problema en las ciencias ambientales y en la biología de conservación, en donde el conocimiento local es fundamental para solucionar estas problemáticas.
Cuando Isaac Newton publicó en 1687 Principia el lenguaje utilizado por las ciencias en esa época era el latín; Einstein, en cambio, cuando publicó sus primeros papers importantes usó el alemán, mientras que los trabajos de Marie Curie fueron publicados en francés. Sin embargo, la mayoría de los artículos científicos hoy en día en el mundo se publican en un solo idioma: el inglés.
Desde la mitad del último siglo las cosas han cambiado en la comunidad científica global. Ahora el inglés es tan frecuente que en los países que no son angloparlantes como Alemania, Francia o España, la cantidad de papers académicos en inglés superan con creces a los publicados en su lengua madre a tal punto que hay casos extremos como el de los Países Bajos, en donde por cada 40 artículos científicos publicados en inglés sólo hay 1 en neerlandés.
¿A qué se debe este fenómeno? En resumen, los científicos saben que si quieren producir un trabajo influyente y reconocido mundialmente deben publicar en inglés, lo que significa que también tienen que ir a conferencias en donde se hable inglés, leer papers en inglés y saber manejar conversaciones técnicas en inglés. De hecho, en muchos países, la educación científica a nivel universitario es enseñada en inglés en parte porque el manejo del idioma en este ámbito académico es importante para desarrollar la futura carrera de los científicos y también porque palabras necesarias en el campo como "quark" o "cromosoma" no existen en otro idioma o son traducciones literales del inglés... como "medio ambiente", que es una traducción mal hecha del inglés environment, que significa medio, entorno o ambiente.
Esta hegemonía de la ciencia angloparlante, aunque no lo crean, presenta consecuencias de lo más diversas. Una de ellas es la creencia de que los trabajos publicados en inglés o de científicos norteamericanos y británicos son considerados mejores que las escritas en otro idioma o de científicos de otros países. Un ejemplo de ello lo dio Sebastián Apesteguía, un paleontólogo argentino que ayudó en el descubrimiento de una nueva especie de dinosaurio: la gran mayoría de los medios angloparlantes ni siquiera lo mencionaron, enfocándose solamente en sus colaboradores norteamericanos.
"Ellos no cubren el avance científico de los científicos en América Latina, Asia o África hasta que alguien se atreva a traducirlo. Es como si la ciencia no inglesa no existiese en absoluto"- Federico Kukso para la Revista Smithsonian
¿Tienen libros sobre medio ambiente?
Libros sobre temática ambiental han existido desde hace décadas, siendo muchos de ellos los precursores de los diversos movimientos ambientales que han ayudado a la prohibición de sustancias contaminantes y creación de organismos estatales de protección al ambiente. El contenido de esas primeras publicaciones de temática ambiental iban en línea con el conocimiento del momento, lo que hace un poco confuso ordenar los libros tanto en librerías como en bibliotecas (por ejemplo: The Forest and the Sea de Marston Bates es un libro de historia natural y por lo tanto de temática ambiental pero se lo coloca en la sección "ecología", mientras que Walden de Henry David Thoreau, que también es de temática ambiental al haber influenciado la filosofía del movimiento conservacionista es catalogado como "no ficción" o simplemente "memorias").
Con la mayor concientización y exposición sobre las problemáticas ambientales, además de la creación de áreas de estudio específicas para estudiar estas problemáticas que antes eran estudiadas de manera muy esporádica y dispersa se inició el proceso de las publicaciones específicas sobre "medio ambiente" y, hoy en día, "cambio climático". Sin embargo, y al igual que con las otras áreas científicas, la hegemonía angloparlante es avasallante. Tais Gadea Lara en su artículo explicó de manera muy clara esta situación:
"Si todavía estamos esperando que algunos reportes científicos aparezcan en su versión en español, imaginen lo que sucede con los libros sobre el cambio climático. El idioma es la principal barrera que tenemos en el acceso a las publicaciones de la temática: la mayoría de los libros son en inglés y la mayoría no llega a ser traducida al español."
¿Cómo se refleja esto en un mundo atravesado por problemas ambientales como el cambio climático y las extinciones masivas de especies? Martín De Ambrosio en su libro Todo lo que necesitás saber sobre el cambio climático pone el ejemplo en el caso de la amenaza de perder las ciudades costeras debido al aumento del nivel del mar por el cambio climático: ahí explica que todas las ciudades portuarias deberían encarar algún tipo de precaución específica para el caso de que el mar suba lo suficiente como para provocar desastres como inundaciones y para ello es preciso contar con información provista por informes científicos. Pero, para los países clasificados como "tercermundistas" eso se vuelve difícil por la falta de acceso a ellos o de gente capacitada para leer, entender e interpretar esos datos necesarios para las políticas públicas, lo que los vuelve aún más vulnerables a los efectos del cambio climático.
Anglocentrismo en las ciencias ambientales
En The Great Derangement, el autor indio bengalí Ahmitav Ghosh proclama un aforismo muy veraz: "... la crisis climática es también una crisis de la cultura y, por lo tanto, de la imaginación".
Como dije previamente la hegemonía del inglés en las ciencias ambientales presenta consecuencias de lo más diversas, especialmente en los campos relacionados a la biología de conservación y cambio climático, en donde el conocimiento local es especialmente importante. En el artículo Languages Are Still a Major Barrier to Global Science de los investigadores Tatsuya Amano, Juan P. González- Varo y William J. Sutherland se expone que:
"Los idiomas pueden limitar seriamente la transferencia de conocimientos en las ciencias ambientales en dos direcciones: cuando se recopilan conocimientos científicos, por ejemplo, en evaluaciones globales como las de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES); y cuando se aplican los conocimientos a las problemáticas ambientales locales, a menudo abordados por profesionales de campo y formuladores de políticas locales."
Amano, que trabaja como investigador de zoología en las Universidad de Cambridge es un caso ejemplificador de esta problemática ya que se ha encontrado con este sesgo en su propio trabajo como zoólogo, sintiéndose obligado a publicar en inglés para poder avanzar en su carrera ya que "los hablantes nativos de inglés tienden a asumir que toda la información importante está en inglés".
"Creemos que ignorar los artículos que no están en inglés puede causar sesgos en su comprensión", expuso Amano en una entrevista relacionada al anglocentrismo en el campo de la conservación y biodiversidad ambiental, en donde se descubrió que, en países como España, 54% de los directores de conservación de áreas protegidas nacionales y regionales dijeron que la barrera idiomática dificultaba su trabajo al limitar su acceso a la información sobre conservación.
De hecho, estas consecuencias pueden llegar a causar sesgos y lagunas en nuestra comprensión del ambiente global, dificultando nuestro entendimiento necesario para solucionar problemáticas ambientales. Esto potencialmente hace que el conocimiento local e indígena no esté disponible en inglés. Por ejemplo, Wetlands International Argentina ha producido más de 20 publicaciones técnicas sobre conservación y manejo de humedales durante los últimos veinte años, pero sólo 2 están disponibles en inglés. Estas publicaciones que no están en inglés incluyen un informe sobre el papel de las turberas, un tipo de humedal de importancia global por su papel en la mitigación de los impactos del cambio climático.
Dejar este problema sin resolver va a generar más problemas en los países que ya son vulnerables. Si consideramos que las áreas que experimentan las mayores consecuencias del cambio climático y de la pérdida de biodiversidad son lugares en donde el inglés no se habla mucho, es clave darles información, educación y prácticas de conservación en un idioma que puedan manejar, con información relevante para sus necesidades.
"El anglocentrismo es pernicioso por las ideas que evoca, especialmente en el contexto de soluciones para abordar y desmantelar la crisis climática", explica Anthony Rogers- Wright en su nota para The Prompt: "Es como si los principales medios de comunicación hubieran adoptado el paradigma de que las discusiones sobre la crisis climática, la política climática y la acción climática necesaria carecen de verosimilitud a menos que estén dominadas por la presencia de gente blanca. Este modo de pensar debe ser confrontado y desmantelado con rapidez, ya que ha sido claro para los profesionales de la justicia climática indígenas, negros, morenos y asiáticos (IBBA) que los enfoques únicamente anglocentristas para las soluciones climáticas tienden a aumentar los problemas de justicia ambiental".
El peligro de la "ciencia única"
En su charla titulada El peligro de una sola historia la autora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie expuso a la audiencia que es imposible hablar sobre la historia única sin hablar del poder:
"La historia única crea estereotipos y el problema con los estereotipos no es que sean falsos sino que son incompletos. Hacen de una sola historia la única historia"
Si bien en la charla original se habla sobre la literatura, esto también puede ejemplificar la situación que actualmente viven las ciencias ambientales. Creer que sólo existe una "ciencia única" crea una ciencia incompleta que nunca va a ayudar a solucionar los conflictos que hoy en día necesitamos solucionar para vivir un futuro más sustentable. Que la mayor parte de la literatura y bibliografía sobre temas ambientales y el cambio climático se haya escrito, hasta ahora, en inglés o desde países del norte global no es malo en sí pero causa problemas al hacer creer que la única literatura ambiental tiene que ser así.
"Es preocupante que quienes nos dedicamos a algún aspecto de la ecología como principal actividad no podamos discutir con más claridad cuál debería ser nuestro papel", dijo Roberto J. Fernández en su Decálogo del ambientalismo estéril en donde propone que la falta de respuesta a los temas relacionados con el ambiente se debe en buena parte a posiciones comunicacionales y actitudinales de la sociedad en su conjunto.
Por su parte Sean Perera, investigador en comunicación de la ciencia de la Universidad Nacional de Australia, describió así la situación actual:
"El idioma inglés juega un papel dominante, incluso podría llamarse hegemonía... Como consecuencia, solo un espacio mínimo o ningún espacio está permitido a los comunicadores de otros idiomas de participar en la ciencia con su propia voz... se ven obligados a traducir sus ideas al inglés".
En la práctica, esta actitud selecciona sólo una forma muy específica de ver el mundo, una que puede hacer que sea fácil descartar otros tipos de información como nada más que folclore. "Pierden gradualmente su propia voz", continúa, "y con el tiempo, otras formas de entender el mundo simplemente pueden desvanecerse".
Para generar un cambio de paradigma en nuestra sociedad que nos lleve a esa tan esperada transición a un mundo más sustentable social y ambientalmente hablando debemos permitir otras perspectivas, cosmovisiones y realidades dentro de la ciencia, lugar en donde se generan los expertos y la información que luego el resto del mundo va a usar como brújula del cambio. Debemos expandir los horizontes de las ciencias ambientales y completar esos espacios vacíos que décadas de una ciencia hegemónica ha generado. Si el físico Fritjof Capra está en lo cierto, en las próximas décadas la supervivencia de la humanidad dependerá de nuestra alfabetización ecológica, ¿pero cómo será esa alfabetización ecológica? ¿Será una dominada por una sola manera de ver el ambiente o una adaptada a las necesidades y realidades de cada parte del mundo? O, tal vez, ¿es posible una alfabetización ecológica cuando muchas partes del mundo no acceden a la necesaria información ambiental? Como dijo Anthony Rogers- Wright:
"Mientras la crisis climática se articule única o principalmente a través de una lente anglocéntrica, nunca se desmantelará a medida que nos acerquemos cada vez más a la entropía global total."




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