El cuento de la criada, de Margaret Atwood

 

Defred frente al Muro | Ilustración: Fred Marcellino

Nuestra protagonista no tiene nombre, aunque antes lo tenía. En este relato, narrado por ella misma como un recuerdo que intenta rescatar de la memoria, se la conoce con un nombre asignado: Defred, demostrando que ella es una propiedad de alguien más, su Comandante Fred. 

El cuento de la criada es probablemente una de las novelas más conocidas de la autora y crítica literaria canadiense Margaret Atwood. Publicado originalmente en 1985 esta historia, de lectura reglamentaria en algunos países y prohibida en otros, es una novela distópica que ha llamado nuevamente la atención cuando la plataforma Hulu decidió adaptarla para una serie de televisión (actualmente ya lleva 5 temporadas).

En ella, los Estados Unidos ya no es la república que conocemos en la actualidad, sino una república liderada por un régimen militar y religioso llamado Gilead que, entre muchas cosas terribles que hacen, llevan una política fuertemente opresiva hacia las mujeres. Bajo el relato de Defred, los lectores conocemos un poco más de las políticas misóginas de este estado teocrático: las mujeres ya no pueden leer, tener un trabajo o, resumiendo, ninguna clase de derecho humano... que impacta por el hecho de que la protagonista no nació bajo este régimen, no lo tiene naturalizado, sino que hasta hacía un par de años era una ciudadana estadounidense común y corriente, y lo recuerda en los numerosos flashbacks que tiene la novela.

No voy a negar que la razón inicial por la que leí este relato fue por el tema de las "Colonias", que en la serie está mucho más desarrollado que en la novela (donde casi se lo menciona al pasar). La contaminación ambiental, producida por la liberación de sustancias nucleares y compuestos tóxicos para la salud humana, es la causante de la oleada de infertilidad que desencadena toda esta política del uso de "Criadas", esclavas sexuales que son forzadas a procrear para la élite militar y sus supuestas esposas infértiles. 

Cuando la realidad es el futuro distópico que tememos

Sin embargo lo que más me sorprendió fue que, a diferencia de muchas otras novelas del género, la autora decidió utilizar como referencia para Gilead diversos eventos que ya han sucedido en algún momento de la historia de la humanidad, independientemente del país en donde se originó. Por ejemplo, gran parte del libro refleja el conservadurismo de Estados Unidos durante la época en la que Ronald Reagan era presidente, una época en la que los partidos conservadores y ultra cristianos ganaban cada ver más poder, y en la que se popularizó las transmisiones televisivas de las misas evangélicas.

También hay referencias al gobierno de Nicolae Ceausescu que, en 1966, criminalizó el aborto en Rumanía e implementó una política natalista que obligaba a las mujeres a someterse a revisiones ginecológicas obligatorias y penalizaba a aquellas mujeres con más de 25 años que siguieran solteras o, en el caso de estar casadas, no hubiesen tenido hijos. Y, tristemente, me impactó conocer que la inspiración de la usurpación de los niños recién nacidos y entregados a la élite de Gilead venía de Argentina, cuando en la época de la última dictadura cívico-militar (que fue de 1976 a 1983) estableció entre otras cosas el robo y ocultamiento de identidad de los bebés de las detenidas-desaparecidas que se encontraban en centros clandestinos de detención.

Mediante la lectura de esta novela es muy difícil no sentirse oprimido. No sentir algo de claustrofobia, que se agrava con la narración en primera persona de una protagonista cuyo movimiento, actitudes y diálogo (¡e incluso visión!) está meticulosamente controlado. Si bien se lee con facilidad y de un tirón, también genera un sentimiento de alarma, de cautela, de pensar qué pasaría si una situación así pasara hoy en día donde vivimos. La genialidad de Atwood, en mi opinión, es el hecho de que creó una historia en donde engloba tantos temas que hasta la ropa de las Criadas se convirtió en un símbolo de diversas protestas en todo el mundo sobre los derechos de las mujeres, el ambiente y la democracia. 

Nuestra protagonista no tiene nombre propio, nosotros sí. Y tenemos que agradecerlo, luchar por ello, cuidarlo porque es lo más preciado que tenemos.

Y nunca olvidemos que las peores distopías, en algún momento, fueron la realidad de otro.

Comentarios

  1. Lo tengo súper pendiente, espero poder leerlo este año porque le tengo muchas ganas a este libro en particular y a la autora en general. Me gustó tu reseña :)
    ¡Saludos!

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    1. ¡Ojala puedas leerlo este año! Es una lectura que no te deja indiferente y, por lo menos a mí, me gustó mucho el estilo de escritura de la autora.
      ¡Saludos y gracias por leerme!

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  2. ¡Hola, Roxana!
    Soy nueva por estos lares, me ha encantado leerte.
    Leí esta novela en abril del año pasado, un libro que me fascinó y horrorizó a partes iguales. La prosa de la autora me gustó mucho, clara, afilada y desafiante.
    Un libro que todos deberían leer, vivo en Caracas, Venezuela y la historia representa paradójicamente lo que ha pasado en mi país :(
    Un abrazo.

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    1. ¡Hola Mava! Gracias por pasarte por mis lares jeje :)
      Muy acertado tu comentario: es una novela que fascina y horroriza por partes iguales... es muy triste pensar que, más que una distopía, es la realidad de otras personas. Una pena.
      Un abrazo virtual y gigante desde Buenos Aires, Argentina.
      Roxy

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  3. Hola esta es una lectura que leí hace tiempo y no me importaría volver a ella en algún momento. En breve tengo intención de leer una nueva historia de la misma autora chao

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    1. ¡Hola! Espero con ansias la reseña de tu lectura para ver qué tal :)
      ¡Un saludo!

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