Analizando "Umbrales" desde una perspectiva ambiental
Es habitual pensar que la mayoría de las personas leemos para evadirnos de la realidad o, al menos, para entretenernos un par de horas sin pensar en los problemas fuera de esas hojas de papel. Sin embargo, y como habrán notado en mi reseña de El cuento de la criada, a veces la ficción sirve para ayudarnos a visualizar realidades que pasaron en la historia o advertirnos de posibles escenarios a futuro. Este es el caso con el que me encontré al leer Umbrales de la autora argentina Márgara Averbach, una novela de fantasía juvenil que nos hace pensar sobre el uso (y abuso) de la naturaleza.
Un mundo atravesado por una Línea
Umbrales nos cuenta una historia sobre la magia, el poder, la amistad, la resistencia y, en especial, la importancia de los bienes naturales comunes. Es una novela de fantasía juvenil que nos traslada a otro mundo, dividido por una Línea que separa a dos sociedades completamente distintas: por un lado está el Norte, una sociedad altamente urbanizada e industrializada en donde sus habitantes consumen una sustancia llamada no-sueño; y por el otro lado está el Sur, cuyos habitantes conviven con la naturaleza de la misma manera desde hace miles de años, teniéndola como guía de todas sus decisiones comunales. De cierta manera no es difícil buscar paralelismos con nuestro mundo actual, moderno e industrializado, como el Norte, mientras que el Sur parece semejar a las diversas comunidades indígenas que habitan el planeta.
La Línea, en la historia, es una división geográfica entre ambas sociedades que además demarca en qué lugar se permite la magia, una idea que los del Norte impusieron para evitar que los del Sur continuaran visitando un lugar llamado Desfiladero Azul, de donde salen unas piedras de fuego necesarias para hacer su magia.
(...) Pántor tenía que confesarse que incluso en ese momento había sabido que la Ley ayudaría pero no sería suficiente. Si el fuego no alcanzaba en el Norte, había que buscarlo en el Sur. Hasta ahí, todo bien: era lógico. De todos modos, el Sur estaba casi desierto, tenía magos que podían caldear las casas, sus habitantes no bebían no-sueño. ¿Para qué querían el Desfiladero Azul, esa mina inmensa de piedras azules? Era lógico prohibirles la magia: cualquiera que tuviera magia, seguiría el camino del Norte, construiría ciudades, llegaría el no-sueño, necesitaría fuego. La Línea ayudaría a preservar la riqueza del Norte, a salvar la civilización.
Como podemos notar por la frase anterior, Umbrales nos expone que este mundo de fantasía está expuesto a algo que en Ecología Política se llama conflicto ecológico-distributivo, esto quiere decir que (si pensamos que en este mundo hay sólo dos grupos sociales: el Norte y el Sur) hay una marcada diferencia entre quiénes se benefician de la explotación de la naturaleza y quiénes sufren la consecuencia de ésta. Este concepto tiene mucho que ver con la idea de que el Norte consume cada vez más de estas piedras de fuego (para hacer no-sueño) y, debido al poderío económico y político que tienen, pueden beneficiarse de explotar los recursos del Desfiladero Azul, mientras que el Sur pierde cada vez más acceso a ese bien natural que también es importante para ellos y, además de eso, empiezan a sufrir las consecuencias de ese uso desigual de la naturaleza.
Luna se inclinó sobre el umbral con algo turbio en la frente. ¿Qué harían los pueblos del Sur cuando se terminaran las piedras de fuego en los depósitos de los pueblos? Pero no, esa no era la pregunta correcta. Se dio cuenta de pronto: la pregunta era por qué estaban robando las piedras azules, y ella lo sabía. Lo que estaba viendo era la Ley. La Línea.
Si bien en el Sur los habitantes no tienen no-sueño, sí reciben las consecuencias ambientales de la creación de esa sustancia consumida por la gente del Norte. Falta agua, las hierbas medicinales empiezan a desaparecer, el clima cambia. Extrañados por esas señales, comienzan a investigar para saber las causas de dichos cambios y descubren que todos los desequilibrios ambientales tienen que ver con la Línea impuesta por el Norte, desatando una rebelión. Este es el punto central de Umbrales, un conflicto que tiene fuertes paralelismos con los conflictos socioambientales de la actualidad que, como definen los sociólogos chilenos Sabatini y Sepúlveda (1996), una agudización de las presiones sobre los recursos naturales causada por el modelo económico actual provoca degradación, escasez y privaciones sociales, factores que propician el desarrollo de conflictos. Sin embargo, estos conflictos ambientales son mucho más que meras disputas por la propiedad de un bien natural. En el libro, para las sociedades del Norte el ambiente es simplemente un "espacio económico" del cual extraen la materia prima de un producto de consumo (el no-sueño), mientras que para el Sur el ambiente es un "espacio vital" en el cual se despliega toda la vida.
La Tierra protesta: El Sur y su cosmovisión en Umbrales
En el libro A world of many worlds (Duke University Press, 2018) Marisol de la Cadena y Mario Blaser definen que los movimientos sociales indígenas entran en la historia como eventos, ya que no hay categorías conceptuales en Occidente para comprender la lógica de ellos. Cuando en un conflicto tipo, por ejemplo, la apertura de una mina en un cerro, los grupos aborígenes protestan con frases como "el cerro no quiere que abran una mina" se genera un desconcierto por parte de la otra parte del conflicto, ya que para nuestra sociedad occidental actual no existe la idea de que "algo" como un cerro sea un "otro" con agencia propia.
"La Tierra protesta", le había dicho ella. Y él había investigado. Sí, había habido algo, un instante de duda en el suelo en el momento exacto en que los guardias devolvían el no-sueño al Pozo de las Cenizas. Hacía muy poco se habría reído de esa idea: ¿protestas de la Tierra? Ahora sabía que Limana tenía razón. Era posible que la Tierra hablara; era posible que los magos de la Rebelión supieran escucharla.
En la novela de Márgara Averbach el Sur es presentado como una sociedad conectada con la naturaleza a tal punto que la ve como una entidad propia con sus ciclos, mensajes y demandas propias. Algo que la mayoría de los habitantes del Norte no comprende a pesar de que los del Sur están en lo correcto. En este universo de fantasía se presenta un mundo con un ciclo tanto particular como frágil: en él las chispas son las especies más importantes, cuyo ciclo de vida comienza como aves. En el verano, con las alas crecidas, éstos vuelan hasta el Lago Encendido para transformarse en serpientes y completar así un viaje (por tierra una estación del año, por aire la otra) que crea el agua y, con ella, toda la naturaleza. La rebelión provocada por el Sur en el medio de la historia tiene que ver con que este grupo quiere eliminar la Línea para que "las chispas sigan sembrando agua", algo que el Norte ni siquiera comprende y lo reduce a que el motivo principal es que ellos quieren apropiarse de "sus recursos" y hacer ellos mismos el valioso no-sueño.
Es justamente por ese desdén de comprender los ciclos de las chispas por parte del Norte que se generan todos los problemas ambientales en Umbrales, magnificado por una extraña enfermedad de manchas violetas que empieza a verse en aquellos que consumen el no-sueño. Sólo comprendiendo el valor de la naturaleza (en este caso, el ciclo de las chispas) y, específicamente, el saber ecológico de los habitantes y magos del Sur es que se podrían solucionar los conflictos presentados en la novela, algo nada fácil considerando la resistencia por parte de los poderosos del Norte.
Considerando que en ese aspecto es bastante interesante la historia, porque en sí no presenta una solución concreta pero sí una manera de acercar a un público a temas ambientales que, hasta el día de hoy, son rara vez abordados en la realidad. Temas como la dicotomía naturaleza-cultura, que dificultan la comprensión ecológica de los conflictos socioambientales, y especialmente como este mismo paradigma que pone a la cultura y la naturaleza como opuestos en donde sólo uno puede estar o predominar en una sociedad a costa del otro han hecho estragos para entender verdaderamente las cosmovisiones de otras sociedades no occidentalizadas y sus saberes ecológicos que, tal vez, nos saquen de los diversos dilemas ambientales que nos enfrentamos los habitantes de este mundo.




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