¿Deberíamos dejar de hablar del cambio climático?

 


En un mundo cada vez más polarizado políticamente y con un aumento en la proliferación de noticias falsas en las redes sociales, el científico de la Universidad de Stanford Rob Jackson propuso una idea peculiar: dejar de hablar del cambio climático y enfocarse en las causas del problema.

No es nada nuevo decir que el cambio climático se convirtió en un término politizado en las últimas décadas. Históricamente, el cambio climático se convirtió en un problema político en la década de 1970 en el hemisferio norte y, si bien al inicio había un entendimiento de su gravedad por parte de todos los sectores políticos, con el tiempo se volvió un tópico polarizado que, más que ayudar, complicó la búsqueda de soluciones. 

Por eso, el ambientólogo de la Universidad de Stanford y miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias Rob Jackson sugiere dirigir los esfuerzos, no en la evidencia de la existencia del cambio climático o de sus efectos devastadores, sino en los valores comunes al actuar para solucionar el problema como la creación de nuevos empleos, la salud y la seguridad; como explicó en su inusual argumento para la revista Scientific American

Simplificar para solucionar

Los científicos especializados en el clima sabían de los efectos que producía el dióxido de carbono en la atmósfera de la Tierra desde la década de 1950, iniciando en Estados Unidos una serie de programas que alertarían al gobierno norteamericano sobre los efectos de este fenómeno ambiental, que podría provocar la acidificación de los océanos y el aumento del nivel del mar. El cambio climático así comenzó a ganar atención en la agenda política y pública como un problema ambiental, requiriendo acción inmediata para prevenir una mayor degradación ambiental.

Sin embargo, en la década de 1980 y bajo el gobierno del presidente republicano Ronald Reagan, las cosas comenzarían a complicarse: no sólo redujo los fondos de la Agencia de Protección Ambiental del país, permitió el uso de pesticidas que habrían estado restringidos previamente y puso a la cabeza de la Secretaría del Interior a James Watt (un conocido lobista de la industria del petróleo y el gas) para manejar las tierras públicas, sino que también promovió que la Academia Nacional de las Ciencias pusiera en duda la ciencia ya comprobada detrás de los artículos relacionados al cambio climático. Es a partir de este gobierno que vendría una larga lista de presidentes republicanos que dirían públicamente que el cambio climático es una farsa y, particularmente, que dañaría la economía de los Estados Unidos (porque consideran que las emisiones de gases de efecto invernadero representan al crecimiento económico, ya que éstos son una consecuencia directa de la productividad). La polarización política del cambio climático había comenzado. 

Por esta razón Rob Jackson considera que, en vez de volver al mismo debate de siempre sobre el cambio climático, hay que enfocarse en aquellos temas que son de interés común y no están polarizados, como la salud:

"Necesitamos relacionarnos con la vida diaria de las personas. La gente se preocupa más por mejorar la salud que por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Si digo que el uso de carbón en Estados Unidos cayó un 20% en los últimos dos años, reduciendo drásticamente las emisiones de dióxido de carbono y el futuro cambio climático, mucha gente bostezaría. Si digo que la misma caída en el uso de carbón salvará 3.000 vidas este año al reducir la contaminación del aire, la gente se dará cuenta. Ambas cosas son ciertas."

 En otras palabras, simplificar y pasar de un tema tan complejo como polarizado como el cambio climático, volver a enfocarnos en las problemáticas ambientales que contribuyen a ello y tomar las medidas necesarias, no en función de cuántas partículas por millón evitamos lanzar a la atmósfera, sino en cuántas vidas se salvan, cuántos beneficios económicos traen y cuántos empleos se generan al tomar estas acciones.

Y en Argentina, ¿cómo hacemos?

El vicepresidente de investigación de la Universidad Simon Fraser Dugan O'Neil explicó en un artículo de Burnabynow que las medidas para reducir la huella de carbono de una sociedad difieren entre comunidades, por lo que tener un enfoque "estándar" del clima podría resultar en pasar por alto algunas diferencias cruciales, lo que habla de la necesidad de un plan de acción climática centrado en esas comunidades. Eso es particularmente cierto en América Latina y el Caribe, que se consideran de las regiones del mundo más afectadas por el cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos, que causan graves daños a la salud, el acceso a los alimentos, el agua, la energía y el desarrollo socioeconómico de la región.

En Argentina, si bien es un emisor muy bajo de gases de efecto invernadero, el cambio climático sigue siendo un tema preocupante por los efectos a futuro que pueden causar en el país. Los desafíos climáticos y meteorológicos están aumentando en Argentina, desde las fuertes lluvias debidas al fenómeno de El Niño (que aumentó los efectos del brote de dengue), hasta el calor extremo y los incendios forestales.

Sin embargo, y a pesar de la evidencia científica, hay dirigentes políticos en la región que niegan la existencia del cambio climático, entre los que se encuentra el ex mandatario brasileño Jair Bolsonaro, y el actual presidente de Argentina Javier Milei. En una de sus primeras declaraciones sobre el tema, el economista del partido libertario expresó su escepticismo sobre el cambio climático y acusó al "socialismo" y al "marxismo cultural" de impulsar las políticas que atienden a dicha problemática.

En Argentina es bastante frecuente la desinformación sobre el cambio climático, que distorsiona la percepción acerca de esta área de la ciencia y sus soluciones. Las narrativas falsas, que pudieron encontrarse en artículos publicados por grandes medios de comunicación como Clarín, La Nación, CNN Radio (entre otros) y luego circulados a través de las redes sociales, no solo es preocupante porque llevan a bloquear o retrasar las acciones climáticas, sino porque muchas veces esa desinformación viene de los propios partidos políticos o de funcionarios públicos. 

"Indudablemente, estamos en un periodo en el que la desinformación es una preocupación creciente y constante para distintos actores, sobre todo, Estado, pero también académicos y sociedad civil", contó la especialista en libertad de expresión y derechos humanos en Internet Agustina del Campo en una nota para Perfil. Por eso, ante un contexto en el que predominan las narrativas que niegan el cambio climático y sus consecuencias, más el aumento de teorías conspirativas y campañas de desprestigio a diversos actores dentro de la ciencia ambiental como del activismo ambiental y la reducción de subvenciones a los programas relacionados al cambio climático, tal vez sea una opción aplicar la poco ortodoxa idea de Rob Jackson: combatir el cambio climático enfocándonos en aquellas cosas que todos estamos de acuerdo, problemas ambientales que son bien visibles y concretos y, por supuesto, imposible de que caigan en una campaña de desinformación (¿se imaginan que alguien diga en las redes sociales que el Riachuelo está descontaminado? Nadie en su sano juicio se lo creería...).

En un mundo cada vez más polarizado políticamente y cada vez con mayor desinformación sobre lo que sucede en la actualidad en el mundo, encontrar mejores e innovadoras maneras para solucionar los problemas que son urgentes para la sociedad es imperativo. Es importante para los científicos encontrar maneras de acercarse a los intereses de la sociedad y, en conjunto a ellos, mostrar soluciones que puedan brindar múltiples beneficios. 

Fuentes consultadas

Comentarios

Entradas populares