Entendiendo el ecofeminismo con el cine

 Hace un tiempo, cuando hice la reseña de La Historia de las Cosas de Annie Leonard, hablé sobre la importancia de la interseccionalidad en el ambiente ya que muchas veces las comunidades más vulnerables son las que están más expuestas a los riesgos ambientales. El ambientalismo interseccional, a pesar de que muchas veces se la ve como algo complicado y desordenado, es una herramienta que puede ayudar a exponer las injusticias que experimentan estas comunidades marginadas, y entendiéndolas podemos crear acciones para mejorar los problemas ambientales y sociales a la vez.

Un ejemplo de esta interseccionalidad puede ser la combinación entre ambiente y mujeres. El cambio climático, por ejemplo, impacta de manera desproporcionada a las mujeres y numerosos estudios internacionales hablan de la importancia de incorporar una mirada feminista al crear políticas ambientales para también generar soluciones a las desigualdades de género. En este aspecto es muy interesante el concepto de ecofeminismo, una palabra acuñada por primera vez en 1974 por Francoise d'Eaubonne, que combina la denuncia hacia el patriarcado y el capitalismo, que genera desigualdades tanto a las mujeres como al ambiente. En el libro de Julián Monkes Politizar el ambiente. Ambientalizar la política (Batallas de Ideas, 2023) en uno de sus capítulos explica que el movimiento feminista interpela a gran parte de la sociedad porque sus reclamos y demandas incluyen todos los espacios de la sociedad, algo que es más complicado para el ambientalismo porque a veces es muy difícil de vincularlo con el día a día

Por eso, se me ocurrió utilizar otro enfoque: el cine. Con el cine podemos conocer otras perspectivas, otras realidades, y utilizarlas como herramienta para comprender algunas cosas que tal vez no son tan fáciles de explicar. Con estas cuatro películas, la idea es dar un panorama introductorio de algunos temas que combinan el ambiente con las problemáticas de género para entender un poco más qué aborda el concepto de ecofeminismo.

La Magia de los Sentidos (2015)


La falta de equidad de género relacionada al uso y la tenencia de la tierra está estrechamente relacionada con la pobreza y la exclusión de las mujeres. En general, las políticas implementadas para promover el acceso a la tierra siempre incluyó a las mujeres de forma minoritaria en función de su estado civil y por ser madres de familia, pero nunca como mujeres productoras. Además, el acaparamiento de las propiedades es una práctica común en algunos países y consiste en evitar que las mujeres hereden bienes- incluida la tierra- aunque tengan derechos legales sobre ella. En estas situaciones, son desalojadas a la fuerza por miembros de su familia, líderes de la comunidad o vecinos, que pueden llegar a ejercer violencia física, psicológica y sexual sobre ellas como forma de intimidación.

Esta realidad se puede ver reflejada en la película romántica francesa La Magia de los Sentidos,  en la que la protagonista Louise se ha tenido que encargar sola de una plantación de perales luego de la muerte de su marido y, por ello, el banco amenaza con embargarla. En ella podemos observar cómo, a pesar de que trabajaba junto a su marido, ella desconocía partes importantes del negocio y, ahora que él ya no está, ciertos vecinos agricultores la acosan y la presionan para vender parte de la plantación, poniendo en riesgo el único ingreso con el que sustenta a su familia. 

Rural Outcasts (2019)


Además de la violencia de género que pueden sufrir las mujeres en el ámbito rural, las mujeres trans también pueden sufrir violencia transfóbica, lo que puede dejarlas en posiciones aún más vulnerables debido a que quedan expuestas a reacciones violentas si intentan acceder a los espacios de toma de decisiones como las organizaciones campesinas. Esto genera exclusión en las tomas de decisiones en relación a la gestión de la tierra y el desarrollo comunitario

En la película surcoreana Rural Outcasts observamos la historia de Soon Ho, una mujer trans que se dedica a la cosmética natural y que gracias a ello puede sustentar el costo de las cirugías que necesita para hacer su transición. Sin embargo, la hostilidad en el pueblo se empieza a manifestar cuando notan que la acompaña una niña de 12 años llamada Dong Ja, una vecina que conoce todas las plantas del pueblo y que encontró amistad y protección en Soon Ho.

En muchas zonas rurales, las mujeres y niñas como Dong Ja son las encargadas de recolectar los recursos como plantas, hierbas medicinales y otros productos forestales no maderables. Sin embargo, a pesar del conocimiento tradicional y ecológico que poseen las mujeres para el manejo y conservación de los bosques, todavía no se las representa o directamente se las excluye en la gestión forestal, como le pasaba a la niña cuyo abuelo no solo no la escuchaba sino que además la maltrataba. Aquí, además de la desigualdad y violencia de género, también demuestra las oportunidades perdidas para generar un ingreso utilizando el conocimiento natural de las mujeres y la posibilidad de obtener beneficios económicos y ambientales.

Tierra Fría (2005)


Si nos movemos a la industria extractiva encontramos la triste realidad de que existen fuertes vínculos con la prostitución, la explotación sexual y la mercantilización de mujeres y niñas. En parte, debido a la alta concentración de trabajadores hombres en las zonas donde se llevan a cabo este tipo de actividades, así como también a la complicidad y falta de supervisión de las propias empresas extractivas y los gobiernos. 

En la película dirigida por Niki Caro Tierra Fría, podemos ver el duro relato de Josey que trabaja en una mina en Minnesota y sufre constantes abusos físicos, emocionales, verbales y sexuales por parte de sus compañeros hombres. Incapaz de soportar la violencia que ella y sus compañeras sufren, decide demandar a la empresa. El film, además, está basado en hechos reales: es la versión en ficción del primer gran caso de acoso sexual en Estados Unidos (Jenson vs. Eveleth Mines), sucedido en 1984.

Desierto Verde (2013)


Según los datos de la ONG Global Witness, la agroindustria, el petróleo, el gas y la minería son las principales actividades relacionadas con los ataques contra las personas defensoras de la tierra y el ambiente. Sin embargo, estos ataques también están diferenciados dependiendo el género: si son hombres lo más probable es que los asesinen; en cambio, las mujeres además sufren distintos tipos de violencia como amenazas de violación, intimidación, criminalización y demás, que se utiliza como una forma de silenciar, quitar credibilidad y reprimir a las defensoras. 

En el documental de Ulises de la Orden Desierto Verde acompañamos múltiples testimonios relacionados con la industria agropecuaria, en el que destaca el de Sofía Gatica, una activista medioambiental argentina que organizó a las mujeres de Ituzaingó (Córdoba) luego de darse cuenta de la relación que existía entre el glifosato con el que fumigaban los campos de la localidad y los numerosos casos de cáncer y malformaciones. Allí ella cuenta el acoso, hostigamiento e intimidación (algunas de índole sexual) para evitar que ese grupo de madres vayan a la justicia. 

Fuentes consultadas

Comentarios

Entradas populares