La advertencia invisible de "El retrato de Dorian Gray"
Más de 130 años han pasado desde la publicación de este clásico de Oscar Wilde. Esta novela, un clásico de la literatura gótica, probablemente haya sido reseñada, estudiada y analizada tantas veces que casi no vale la pena decir nada más. ¿Qué más se puede decir de una obra que desde que vio la luz ha tenido gente escribiendo sobre sus metáforas y mensajes ocultos en sus páginas?
Desde hace un tiempo venía posponiendo El retrato de Dorian Gray. El libro, que lo tenía guardado entre mis pendientes desde antes de la pandemia, es el libro favorito de una de mis amigas, y me daba mucho miedo leerlo sabiendo que después se venía la inevitable pregunta "¿Qué te pareció?" hecha con una mirada llena de expectativa e ilusión.
Finalmente lo terminé y, siendo honesta, prefiero a Oscar Wilde como cuentista. Pero todavía sigo pensando en la novela, en sus personajes y en las personas cuyas vidas de vieron impactadas por la historia de Dorian Gray.
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Múltiples reseñas se han escrito relatando los mensajes ocultos en la obra. Mensajes sobre la destrucción gradual del alma humana, sobre la falta de prudencia al aplicar la filosofía estética, sobre la importancia de no dejarse influir por malas compañías, etc. Pero, mientras estaba leyendo, constantemente pensaba en cómo El retrato de Dorian Gray también puede servir como una especie de advertencia un tanto invisible, un tanto moderna, del impacto del Pretty Privilege (el "privilegio de ser bello/a") visto desde la perspectiva del que lo porta y, además, usufructúa con ello.
El privilegio (y poder) de ser bello
"La cultura de la belleza es en todas partes un arte legítimo (...). Es imposible separar a las personas de su apariencia". Esta frase, publicada en The Art of Beauty en 1878, ejemplifica la mentalidad típica de la era victoriana: una sociedad en la que la belleza significaba poder, bondad, talento y salud. Históricamente las sociedades (incluso antes de la era victoriana) valoraban a la belleza, y le otorgaban beneficios y privilegios a aquellas personas que cumplían con los estándares de belleza de la época. No por nada en la literatura de la época a los buenos se los podía identificar por sus rasgos físicos y a los malos... también: los "monstruos" de la literatura siempre son de otro país, generalmente pobres, con rasgos que podrían indicar enfermedades físicas o mentales u otras discapacidades o malformaciones. En una era en la que se le daba mucha relevancia a la fisiognomía (una pseudociencia que asociaba determinados rasgos físicos con cualidades de comportamiento y personalidad) ser pobre, de una minoría étnica o racial, o poseer alguna discapacidad era una maldición que te estigmatizaba permanentemente.
Dorian Gray, si tomamos las ideas del sociólogo Pierre Bourdieu, es un personaje con un nivel extremo de Capital. Él es rico, pertenece a un círculo social exclusivo por su condición social, es educado y su apellido le da respeto y estatus. Además, es exageradamente hermoso. Su belleza, desencadenante de que el pintor Basil Hallward decida hacer un retrato de él, es el motivo mismo por el que Dorian Gray decide intercambiar su alma con el cuadro: para el muchacho era injusto que la pintura siempre reflejara la belleza pura de su juventud mientras él tendría que aceptar el paso del tiempo. Su deseo de que el retrato porte su alma y cargue con el peso del paso del tiempo y sus decisiones morales mientras él goza de una belleza eterna es casi como una señal de que comprendía que todo ese poder y privilegio que portaba su belleza eventualmente algún día desaparecería y su vanidad no lo podía permitir.
A medida que continúa la novela el alma de Dorian se va corrompiendo cada vez más, pero nadie entre sus amistades puede creer los rumores que circulan sobre él porque él sigue teniendo esa pura e inocente belleza. La inmoralidad, para los victorianos, era un subproducto de la fealdad y Dorian no era feo. Sus actitudes, a veces vanidosas, a veces caprichosas, a veces crueles, y los rumores, muchos de ellos extremadamente serios, simplemente eran pasados de largo al observar los rasgos faciales del protagonista. Un mensaje muy fuerte, considerando que hasta el día de hoy "el privilegio de ser bello" es una realidad muy cruel que les da el beneficio de la duda a personas solamente por ser "atractivos" para la sociedad, mientras castiga severamente a los que no lo son.
Una advertencia invisible para tiempos modernos
Mientras estaba iniciando la lectura de El retrato de Dorian Gray resulta que también había visto un vídeo titulado Victorians were Obsessed with Ugly Children, de Abby Cox. En éste, la youtuber explica cómo los victorianos estaban obsesionados por la apariencia de los niños y temían que sus hijos (y, especialmente, sus hijas) fuesen feos... y cómo esta mentalidad tan alejada de la actualidad todavía existe con la cultura de la dieta y los comentarios nada agradables sobre la apariencia que muchas veces los niños y niñas reciben como "consejos" de parte de los adultos a su alrededor.
Y es que el mensaje de que ser eternamente hermoso, ajustarse al estándar de belleza y ser joven te da privilegios sigue existiendo en nuestra sociedad. Existen investigaciones científicas que incluso han demostrado que ser bello te da cierta ventaja en las relaciones, los estudios y el trabajo... incluso puede darte una carrera política más exitosa o una sentencia de prisión más baja.
Muchas veces he escuchado que no hay que darse tanta importancia, que no hay que ser vanidoso, que la belleza no lo es todo, que no hay que juzgar a un libro por su portada. Y sin embargo, en la sociedad muchas veces no se aplica lo que escuchamos de pequeños. Todavía puedo ver a veces el "tener buena presencia" en los avisos de oferta de trabajo, todavía se pueden ver oleadas de fans justificando a tal o cual celebridad de delitos serios simplemente por ser atractivos, todavía se puede ver en la televisión, redes sociales y círculos de autoridad y poder a las personas que cumplen con lo que la sociedad considera "bello".
El retrato de Dorian Gray es una novela con muchos mensajes y también con advertencias. No siempre detrás de la apariencia inocente y atractiva hay una buena persona. No toda persona con rasgos físicos particulares o discapacidades es una persona malvada. Veamos (y juzguemos) más allá de lo superficial... sino, el cuadro de nuestra sociedad será peor que el que guardaba Dorian Gray.





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