Editoriales: Una mirada a su sustentabilidad

 

La aparición de la imprenta revolucionó el proceso de producción del libro, permitiendo la creación de la industria literaria. En la actualidad, esta industria está pasando por muchos cambios, incluyendo los relacionados a su sustentabilidad. ¿Cuáles son las opciones que tienen las editoriales para reducir el impacto de los libros en el ambiente?

La industria editorial no hubiese sido posible de no haber sido por Johannes Gutenberg, que en 1440 inventó la imprenta y revolucionó para siempre el proceso de fabricación del libro. El libro ya no sería nunca más un objeto único ni artesanal, escrito o reproducido de acuerdo con la demanda. Sin embargo, habría que esperar hasta la segunda mitad del siglo XV cuando el libro impreso se convirtió en un importante negocio, impulsado por el movimiento humanista, la reforma luterana y el auge de las universidades que desarrollaron un mercado más amplio y una difusión masiva. De esta forma, la edición de un libro se convertiría en algo que requiere de toda una empresa, capital para su realización, y un mercado para su difusión. 

En el siglo XVIII se produciría otro gran cambio dentro de la naciente industria del libro: se comenzó a sustituir el papel fabricado a partir de trapos por la celulosa de madera, más barata. La introducción de las prensas para imprimir utilizando vapor, llevaron a la máquina de vapor a la producción de libros. Poco después de 1820, también los molinos de papel pasarían a funcionar a vapor. Estas dos innovaciones tecnológicas hicieron bajar, de manera notable, los precios de los libros a la vez que aumentaban su tiraje. 

Y así nos situamos hasta la actualidad, en la que la edición de libros ha sido considerada como el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero industrial cuando se trata de pulpa y papel. 

Editoriales: Una mirada a su sustentabilidad

De acuerdo con TCK Publishing, más de 2 mil millones de libros se imprimen cada año en Estados Unidos solamente, lo que requiere más de 30 millones de árboles. Eso sería casi 60 millas cuadradas, casi el tamaño de Washington DC, solo para hacer libros. Visto desde la perspectiva ambiental, producir libros emite casi 40 millones de toneladas de CO2 cada año.

Las editoriales, siguiendo el modelo tradicional de publicación, producen nuevos libros en grandes cantidades, para generar el menor costo de producción posible por copia. En general, se estima un número de copias que pueden llegar a ser vendidas y a eso le agregan un margen de error, que puede quedarse como stock remanente o directamente tirarse a la basura. Este margen de error no es pequeño. Más del 25% de la basura que termina en rellenos sanitarios en Estados Unidos es papel. Cada año se destruyen más de 16.000 camiones cargados de libros, lo suficiente para llenar de arriba abajo tanto la Biblioteca Británica como la Biblioteca del Congreso estadounidense dos veces. 

Esos libros son libros que nunca serán leídos, que nunca llegarán a las manos de nadie porque están diseñados para ser tirados. 

Si lo pensamos detenidamente, la producción de un libro tiene varios factores a tener en cuenta si hablamos de la huella ambiental de la industria. Factores que podemos controlar como consumidores en algunas ocasiones, pero que en otras requiere de un compromiso por parte de las editoriales, los fabricantes de papel y las librerías que compran los títulos para que lleguen a nosotros, los consumidores finales. 

Por suerte algunas editoriales ya están tomando medidas para ser más ecológicos a la hora de producir libros. Editoriales como Penguin Random House usan papel con certificación FSC (Forest Stewardship Council) y cooperan con ONGs como Woodland Trust, para mantener los bosques lo mejor conservado posible. Macmillan, por otro lado, eligió usar la energía de manera eficiente; mientras que la editorial de libros infantiles Ethicool Books empezaron a preferir tintas a base de soja ya que son biodegradables, reciclables y menos tóxicas que las tintas convencionales a base de petróleo. Además, son integrantes de 1% for the Planet, una organización global en la que los miembros participantes contribuyen al menos con un 1% de sus ventas anuales a causas ambientales. 

Obviamente hay mucho camino por recorrer. Cambios en todo el proceso de fabricación y distribución de los libros se tienen que hacer si se quiere hacer de la industria literaria una industria más sustentable para el planeta. Afortunadamente hay algunas empresas que están liderando el camino, pero para que el cambio sea efectivo no solamente todas las editoriales se tienen que comprometer, sino que también los consumidores debemos exigir mayor sustentabilidad dentro del sector.

En una nota futura explicaré algunas ideas que actualmente están cambiando el proceso de publicación de libros, independientemente de su las están llevando editoriales grandes o autores autopublicados. Y también, el rol que está teniendo la pandemia en todo esto.

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